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Febrero 7, 2012



EL LUNES QUE VIENE EMPIEZO


Yeray Rodríguez

Tengo que ponerme a dieta

porque de tanto engordarme

casi no puedo agacharme

ni subirme la bragueta.

No he encontrado la receta

que me haga perder el peso

pues cuando inicio el proceso

me suelo sentir tan mal

que siempre digo: ¡Total,

el lunes que viene empiezo!

Y el lunes soy puntual:

desayuno poco y sano,

algún bocado liviano,

rico en fibra y pobre en sal,

a media mañana igual:

nada de pan ni de queso;

a mediodía me peso

y si no he bajado nada

doy la dieta por zanjada

y el lunes que viene empiezo.

Me comentaron que había

una dieta de una sopa,

y que existía una tropa

de gente que la ingería;

la quise probar un día

para ver lo que era eso,

pero una sopa sin hueso

ni fideos no está completa

y dije: Cambio de dieta

y el lunes que viene empiezo.

Otra vez fui al endocrino:

que visita inoportuna

porque casi sufro una

sobredosis de pepino.

Me quitó lo más genuino

de la vida que profeso,

y yo, traidor y confeso,

no puedo, le dije un día,

yo sé qué dieta es la mía

y el lunes que viene empiezo.

Para bajar la barriga

ejercicio quise hacer,

pero, ¡qué duro es correr

sin nadie que te persiga!

Estaba de la fatiga

y del hambre ya tan preso,

que al almorzar me tropiezo

con lo que prohibido está

y dije entonces: ¡Qué va

el lunes que viene empiezo!

Y así va nuestro planeta,

y esto no es broma ni chiste,

mientras medio mundo insiste

en querer ponerse a dieta,

el otro busca la meta

de acostarse alimentado.

Y los pobres no han pensado

en dietas ni en endocrinos,

por eso nuestros caminos

tanto nos han separado.

Todos sabemos bastante

de angustia, llanto y pobreza,

y también de la tristeza

íntima de un emigrante;

demos un paso adelante

y luchemos por cambiar

este planeta dispar

y démosle otro futuro.

Cualquier lunes, yo aseguro,

que es bueno para empezar.

Pero ya empecé una dieta

que me tiene controlado,

pronto estaré estilizado

y con un cuerpo de atleta.

Por fin hallé la receta

para bajar la barriga;

pero déjenme que diga

que he ido dejando el vicio

con bastante sacrificio

y con más de una fatiga.

Ya no como solomillo

con salsa de Roquefort

y se me olvidó el sabor

que tiene un buen bocadillo,

ya las gambas al ajillo

ni las huelo ni las como,

ni las salchichas, ni el lomo,

ni ninguna chuchería,

y si veo una dulcería

ya ni a la puerta me asomo.

Pero lo que peor llevo

es lo de ejercicio hacer,

pues no me gusta correr

y al aerobic no me atrevo;

yo sé que si no me muevo

tardaré más en bajar

pero prefiero mirar

el deporte en la tele

porque en el sillón no duele

y no tienes que sudar.

Mas, desde que estoy a dieta,

me siento nuevo y distinto,

le abro agujeros al cinto

y el pantalón no me aprieta.

Subo y bajo la bragueta

sin ninguna anomalía,

regresó mi anatomía

a su cotidiano ser,

incluso me vuelvo a ver

cosas que ya no veía.

Colaboración de Laura Luisa Cordero

Fuente: http://www.youtube.com/watch?v=joldKxOzDWg

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