30
June
2011
Ricardo Ros
La frustración es una verdadera amenaza que se extiende a todo el mundo. En una sociedad cada vez más tecnificada y competitiva, nadie está a salvo de encontrarse frustrado con su vida.
Los medios de comunicación extienden la idea de que podemos controlar nuestras vidas como lo hace el famoso o la famosa de turno que tienen el mayor reconocimiento social y profesional, esquían en los Alpes y se bañan en las aguas más azules y cristalinas de los mares más paradisíacos, nadan en la abundancia y parecen estar permanentemente de vacaciones. Son jóvenes y guapos, tienen la cartera llena y la sonrisa más blanca.
Son felices mientras nosotros nos peleamos día tras día con nuestros problemas cotidianos: Pepito sigue sacando malas notas y Juanito necesita una ortodoncia, nuestra mujer gasta más de la cuenta y nuestro marido fuma demasiado, el jefe nos tiene manía y nuestros subordinados no parecen tenernos el más mínimo respeto.
La letra del piso nos ahoga todos los meses y necesitamos un coche nuevo. Margarita ha empezado a salir con un chico muy raro; sin duda no se la merece. En la empresa comienza a hablarse de regulación y nuestro equipo está abocado a bajar a Segunda.
Todos podemos sentirnos frustrados. Nadie es inmune a ello. Desde la persona que está en el paro y cobra del subsidio social, hasta el alto ejecutivo que todos los meses cobra una fortuna. No es cuestión de ingresos, de riqueza, ni de éxito.
Mientras tanto en la tele, una Venus rubia nos habla de lo último en tecnología, algo de lo que no podemos prescindir. Con ese nuevo aparato conseguiremos sin duda la felicidad. ¿Cómo hemos podido ser tan tontos? ¿Cómo hemos podido vivir sin ello hasta ahora?
Todo está en nuestra mano. Los medios de comunicación nos atosigan sin parar continuamente el mensaje de que si no lo conseguimos es culpa nuestra, únicamente nuestra, y eso nos frustra todavía más.
El chico de la tele nos sonríe con sus blancos dientes mientras chapotea en la piscina de un hotel de lujo en el Caribe, mientras nosotros miramos por la ventana y en la calle sigue lloviendo.
La persona frustrada ha tocado fondo y, lo que es peor, no sabe salir de él.
No es un estado permanente, sino transitorio. No obstante, es un proceso acumulativo que empeora día tras día.
La frustración crónica consume el espíritu de quien la sufre, mina su ambición y sus ganas de vivir. Todo se ve desde una perspectiva negativa, desde la derrota, desde la falta de entusiasmo. El mundo es gris y sus perspectivas negras.
La frustración puede incluso trascender al plano físico y originar la aparición de dolencias y enfermedades.
La sensación de impotencia se apodera de la persona frustrada y aunque los factores externos que la hayan producido desaparezcan, raramente existe un punto de retorno. La negatividad parece apoderarse de esa persona y no parece haber posibilidad de marcha atrás.
En la peluquería hojeamos las revistas de actualidad donde el famoso empresario posa acaramelado con su nueva novia, cuarenta años más joven que él, en el marco incomparable de su casa de la costa.
Día tras día el empleado acude a su puesto de trabajo, a realizar un trabajo aburrido y que nunca le ha gustado, rodeado de gente igualmente resignada y triste. Se siente explotado e injustamente tratado y en el horizonte no parece haber ninguna razón para la esperanza. Mañana será otro día igual y un sentimiento de frustración e impotencia se han instalado ya en su corazón, quizá definitivamente.
Sólo hay un camino para la esperanza.
Sólo cuando la persona recupere la sensación de que puede “controlar” la situación, esa persona se sentirá con fuerzas suficientes para seguir adelante.
Las personas con “poder personal”, aun en las situaciones más adversas, sienten que está en su mano “hacer algo”. No se sienten impotentes o sobrepasadas por las circunstancias. Saben explorar los caminos, las posibilidades que tienen aun cuando en un primer momento parezca que no haya salida.
¿Qué opinas?
Fuente: http://www.ricardoros.com
Posted: REFLEXIONES
29
June
2011
David Montalvo
¿Por qué seguimos atrayendo accidentes, experiencias no gratas, enfermedades, despidos, relaciones enfermizas, crisis… a pensar de querer lo contrario?
Esa es una de los temas que más se repiten en las consultas que amablemente me hacen llegar por correo electrónico. Y la gran respuesta es que todo está en la vibración.
Sí, el secreto está en vivir de adentro hacia afuera. ¿Qué quiere decir esto? Que antes de hacer una lista kilométrica de metas u objetivos, es indispensable que trabajes en tu mente y que hagan las paces tu consciente e inconsciente.
La ley de atracción no funciona en automático, ni para lo bueno ni para lo malo. Por más que piense en una casa, si cierro los ojos, es prácticamente imposible que una casa aparezca frente a nosotros. Lo que deseamos en nuestra vida lleva un proceso.
Pero lo mismo sucede para lo negativo. Hay personas que desean poderosamente bajar de peso, pero llevan años pensando en que es una tarea titánica. Algunos otros buscan una nueva pareja, el trabajo soñado, la libertad financiera, el éxito profesional, cuando el 50% de su día sus pensamientos están enfocados en pobreza, mediocridad, envidia o egoísmo.
¿Qué quiere decir eso? Que para poder atraer lo que realmente deseas, el primer paso INDISPENSABLE es preparar el imán de tu mente para vibrar alto. Y ¿cómo hacerlo, además de pensar en lo que queremos? Eligiendo todo aquello que nos haga sentir extraordinariamente bien: Desde lecturas que estimulen positivamente nuestra imaginación, cursos que nos inspiren hasta acercarnos a personas de las cuales podamos aprender. Cuando te juntas con lo positivo, vibras rápido y alto. Pero cuando eliges lo negativo, vibras lento y bajo; y por más que “pienses bonito” lo que deseas no llegará.
Deja de ver noticias, renuncia a personas o experiencias negativas, deja de atentar contra tu cuerpo, cierra ese círculo pendiente y elige lo mejor. Cuando lo hagas, comenzarás a vibrar alto y a atraer lo que sueñas.
Fuente: http://davidmontalvo.blogspot.com/
Posted: REFLEXIONES
28
June
2011
David Fischman
Connors, Smith y Hickman, autores del libro El principio de OZ plantean la importancia de evitar caer por debajo de la línea y entrar al ciclo de la víctima. El problema es que muchos no somos conscientes de que ya estamos allí.
César Barber, un trabajador de mantenimiento en Nueva York, que medía 1.77 metros y pesaba cerca de 125 kilos le puso una demanda a las 4 cadenas de comida rápida americana. El hombre de 56 años había tenido 2 paros cardíacos y sufría diabetes. Él sentía que estas cadenas de restaurantes eran las culpables de sus problemas puesto que le habían dado alimentos toda su vida con mucha grasa, colesterol, sal y azúcar. Lo más probable es que para la mayoría de lectores, este ejemplo caiga claramente por debajo de la línea en la conducta de víctima. ¿Quién es responsable de elegir el lugar donde quiere comer? ¿Quién es responsable de la cantidad y calidad de comida que ingesta? La respuesta es evidente: ´Nosotros mismos´ pero hay situaciones en el trabajo donde actuamos como víctimas y no nos damos cuenta.
Connors, Smith y Hickman plantean que existen una serie de etapas por donde pasan las víctimas.
1. Ignorar y negar. En mi experiencia haciendo evaluaciones 360 grados donde los pares, jefes y subordinados opinan sobre el desempeño de un gerente, es frecuente ver la etapa de ignorar y negar. En oportunidades, todos los encuestados coinciden que el gerente debería mejorar algún rasgo, como la seguridad en sí mismo, o el control emocional, o la empatía, entre otros. A más doloroso el comentario, mayor es la negación y el deseo de ignorarlo. Ignorar y negar es una reacción natural cuando te sientes amenazado por un cambio. Pero a menos que seamos totalmente conscientes de nuestros problemas o de las circunstancias nos será muy difícil hacernos responsables. Frecuentemente he visto gerentes aceptar la retroalimentación, dar la imagen de que desean hacerse responsables, para luego enterrar el tema bajo la superficie y esperar que las cosas se calmen y se olviden.
2. Buscar excusas: Somos humanos y no nos gusta tomar conciencia de nuestras equivocaciones. Tratamos de evitar cualquier amenaza a nuestra sensación de valía personal y competencia. Buscar excusas es una forma temporal de aliviar el dolor y ayudarnos a mirar hacia otro lado, en lugar de reflexionar sobre nosotros mismos. Pero las personas que se concentran en dar excusas están cayendo inconscientemente en el ciclo de la víctima. Las excusas más típicas son: Este no es mi trabajo, siempre hemos hecho las cosas así, nadie me dijo, yo no sabía, estoy demasiado ocupado, ¿Por qué no me preguntaste? Estaba esperando la aprobación, entre otras. Hacerse responsable significa ver el problema y adueñarnos de él. Las excusas en cambio, buscan otros dueños que se hagan cargo.
3. Cubrirse la espalda: En esta conducta, las personas buscan protegerse en caso, la responsabilidad sea un bumerán que les regrese a toda velocidad. Las personas que están debajo de la línea en el ciclo de la víctima necesitan coartadas y pruebas de que ellas no son responsables. Es típico ver a estas personas guardando correos electrónicos para mostrar la historia de los hechos y evitar ser juzgadas.
4. Esperan a ver qué pasa: Una vez que negamos los hechos, buscamos excusas y nos cubrimos las espaldas, solo nos queda esperar que el destino y las circunstancias jueguen a nuestro favor. Hemos cedido el control de nuestras vidas a la suerte.
Si usted se sintió identificado con algunas de estas conductas, ha caído por debajo de la línea en el ciclo de la víctima. Pero si usted toma conciencia de esto, es el primer paso para salir de este ciclo. Hágase responsable primero viendo el problema en su verdadera perspectiva, luego adueñándose de él, solo así podrá resolverlo.
Fuente: http://www.davidfischman.com
Posted: REFLEXIONES