30
November
2010

EL SECRETO DEL ÉXITO0

David Fischman

Cuando vemos a personas que logran sus metas, que son exitosas, famosas y reconocidas, tenemos la tendencia a asumir que salieron adelante por su talento, porque es lo que está a la vista. Lo que muy pocos saben son las dificultades y obstáculos que tuvieron que soportar.

Todos conocen los éxitos de Walt Disney, sus dibujos animados, el ratón Mickey, muchos han visto las películas de su estudio o han ido o escuchado de sus parques de diversiones. Todos recuerdan a Walt Disney como una persona extremadamente creativa y talentosa. Pero lo que pocos saben es que Walt, antes de fundar la empresa Walt Disney, fundó dos empresas de animaciones que fueron un rotundo fiasco económico y quebraron. Tampoco es conocido que decidió cambiarse de rubro y trató de hacer películas de cine no animadas y le fue mal. Tampoco se sabe que tuvo 302 rechazos antes de conseguir el financiamiento para construir su parque de diversiones.

Muchos conocen el libro “Chocolate caliente para el alma” del autor Jack Canfield. Es un libro que ha sido traducido a 39 idiomas y ha vendido 8 millones de copias. Es una obra compuesta de pequeñas historias que inspiran y motivan a las personas. Pero lo que pocos saben es que el autor tuvo 130 rechazos de editoriales que consideraban el libro como poco comercial y que además tenía un título ridículo.

Muchos conocen al que fue el primer ministro británico en la segunda guerra mundial, Winston Churchill. Además, se sabe cómo se convirtió en uno de los líderes clave en esa época y que tuvo una gran influencia para derrotar al imperio Nazi. Churchill es recordado como una persona brillante, estratégica y con un gran sentido del humor.

Pero lo que pocos conocen es que lo reprobaron en sexto grado en el colegio, que las universidades de Oxford y Cambridge no lo aceptaron como alumno. Tampoco saben que en la primera guerra mundial, él ayudó a diseñar la estrategia de una batalla que fue una catástrofe a la que se denomina el “Desastre de Gallipoli”.

Todos conocen al científico Albert Einstein, creador de la teoría de la relatividad y ganador de un premio Nobel. Pero lo que pocos conocen es que Einstein era considerado un alumno retardado en sus años iniciales de colegio, ya que tardó mucho tiempo en aprender a hablar y a leer. Cuando postuló a la universidad, falló en el primer intento.

Cuando hizo su tesis doctoral fue rechazada y considerada totalmente irrelevante.

Todos conocen a Steven Spielberg, el director de cine que ha hecho películas como Tiburón, Encuentros cercanos del tercer tipo, E.T. el extraterrestre, entre otras. Ganó un Oscar con la película La lista de Schindler. La revista Time lo incluyó en la lista de las 100 personas más importantes del siglo. Pero lo que pocos saben es que Spielberg fue rechazado 3 veces para ingresar a la escuela de cine de la Universidad de California. Tampoco saben que trabajó en los estudios de la empresa Universal practicante sin pago y que la primera película que creó fue una total decepción.

La historia está llena de personajes similares a los anteriores, exitosos y famosos pero que tuvieron que soportar muchos obstáculos, errores y rechazos. Personajes que a pesar de todas las dificultades perseveraron y tuvieron éxito. El secreto del logro no está en el talento. Hay muchas personas con talento que no llegan a ningún puerto. El secreto del logro está en la perseverancia, en la capacidad de postergar la gratificación, en soportar momentos difíciles y no perder la esperanza de que en el futuro, todo el esfuerzo dé frutos.

El secreto del logro está en las horas de trabajo, de práctica y de preparación. El secreto del logro está en nuestra forma de interpretar lo que nos sucede en la vida. Algunas personas toman los rechazos y errores como fracasos permanentes. Otros más bien ven los errores como oportunidades de aprendizaje, de mejora y crecimiento.

Como menciona la autora Darcy Andries, “El secreto del logro no es un secreto”, solo hay que prestarle atención a todo el esfuerzo y perseverancia de las personas que hoy día disfrutan el éxito.

Fuente: http://www.davidfischman.com

29
November
2010

BUSCO A UN HOMBRE0

Darío Lostado

“Despertar a la Conciencia Día a Día”

Siempre me pareció aleccionador aquel hecho del sabio Diógenes en la plaza de Atenas.

Salió a la plaza al mediodía de un día de sol radiante con una lámpara en sus manos buscando algo.

Cuando alguien le preguntó “Diógenes, ¿qué estás buscando con esa lamparita aquí en la plaza inundada de sol?”, el sabio le respondió: “Estoy buscando un hombre.”

“Pero ¿acaso no ves que la plaza está llena de hombres?”

“No -respondió el sabio-. Ésos no son hombres. No saben lo que son.”

Diógenes afirmaba que para ser hombre hay que saber qué somos.

Por nuestras calles y plazas circulan muchas figuras de hombres y mujeres. Pero son muy pocos los que son humanos de verdad, porque son mayoría los que no saben qué son, ni quiénes son.

Y no es un conocimiento teórico intelectual el que nos constituye como seres humanos, sino una experiencia viva y vivencial en cada momento de nuestra existencia.

No es necesario ir a colegios o universidades para tener este conocimiento. Sólo se requiere retirarse a solas y preguntarse “¿qué es lo que hay en el fondo de mí, más profundo que mi propio cuerpo, mis pensamientos, emociones…?”, “¡qué es aquello que aunque cambie mi cuerpo, mi mente y mis emociones permanece ahí fijo e inalterable?”.

Aquello soy Yo.

Fuente: http://alegriadesertumismo.blogspot.com

28
November
2010

EXPERIENCIAS QUE ENSEÑAN0

Paulo Coelho

Una vieja estaba en el bulevar de la avenida Atlántica, con una guitarra y un letrero escrito a mano: “Vamos a cantar juntos”.

Empezó a tocar sola. Después llegaron un borracho y una viejecita, y se pusieron a cantar con ella. En poco tiempo había una pequeña multitud cantando y otra pequeña multitud que hacía el papel de auditorio, aplaudiendo al final de cada canción.

“¿Por qué hace esto?”, le pregunté entre las canciones.

“Para no estar sola”, dijo. “Mi vida es muy solitaria, como la vida de casi todos los viejos”.

Ojalá todos resolviésemos nuestros problemas así.

El amigo en Sídney
“A veces la gente se acostumbra tanto a lo que ve en las películas que acaba olvidando la historia auténtica”, me dijo un amigo mientras contemplábamos juntos el puerto de Sídney. “¿Te acuerdas de la escena cumbre de Los diez mandamientos?”.

Claro que me acordaba. En un momento dado, Moisés, interpretado por Charlton Heston, alza su bastón, las aguas se separan y el pueblo hebreo atraviesa el mar a pie.

“En la Biblia es diferente”, continuó mi amigo. “Dios le ordena a Moisés: “Di a los hijos de Israel que se pongan en camino”. Y solo cuando han comenzado a andar levanta Moisés su bastón y se abre el Mar Rojo”. Solo el valor ante la adversidad hace que se nos muestre el camino.

El católico y el musulmán
Estaba charlando con un sacerdote católico y un chico musulmán durante un almuerzo. Cada vez que pasaba el camarero con una bandeja, todos se servían, salvo el musulmán, que cumplía el ayuno prescrito en el Corán.

Cuando terminó la comida y la gente se hubo ido, uno de los convidados no pudo reprimir el siguiente comentario: “¡Mira que son fanáticos estos musulmanes! ¡Menos mal que no tenéis nada que ver con ellos!”.

“Sí tenemos”, dijo el sacerdote. “Él se esfuerza por servir a Dios tanto como lo hago yo. Simplemente observamos leyes diferentes”. Y concluyó: “Es una pena que las personas solo vean las diferencias que las separan. Si mirasen con más amor, verían lo que tienen en común unos y otros, y se resolvería la mitad de los problemas del mundo”.

Mi suegro, Christiano Oiticica
Poco antes de morir, mi suegro llamó a la familia:

“Sé que la muerte no es más que un tránsito, y quiero poder hacer esta travesía sin tristeza. Para que no os preocupéis por mí una vez que me haya ido, os enviaré una señal de que valió la pena ayudar a los otros en esta vida”. Pidió ser incinerado y que sus cenizas fuesen esparcidas en el Arpoador mientras sonaba una cinta con sus canciones preferidas.

Falleció dos días después. Un amigo se encargó de la incineración en Sao Paulo, y de vuelta en Río de Janeiro fuimos todos al Arpoador con la radio, las cintas y el paquete con la pequeña urna que contenía las cenizas. Al llegar frente al mar, descubrimos que la tapa estaba atornillada. Intentamos abrirla, pero no pudimos.

No había nadie alrededor, aparte de un mendigo que se acercó: “¿Qué es lo quieren?”.

Mi cuñado respondió: “Un destornillador, porque aquí dentro están las cenizas de mi padre”.

“Debió de ser un hombre muy bueno, porque acabo de encontrarme esto por aquí”, dijo el mendigo.

Y les entregó un destornillador.

Fuente: http://www.larevista.com.ec