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Noviembre 2010



EL SECRETO DEL ÉXITO

David Fischman

Cuando vemos a personas que logran sus metas, que son exitosas, famosas y reconocidas, tenemos la tendencia a asumir que salieron adelante por su talento, porque es lo que está a la vista. Lo que muy pocos saben son las dificultades y obstáculos que tuvieron que soportar.

Todos conocen los éxitos de Walt Disney, sus dibujos animados, el ratón Mickey, muchos han visto las películas de su estudio o han ido o escuchado de sus parques de diversiones. Todos recuerdan a Walt Disney como una persona extremadamente creativa y talentosa. Pero lo que pocos saben es que Walt, antes de fundar la empresa Walt Disney, fundó dos empresas de animaciones que fueron un rotundo fiasco económico y quebraron. Tampoco es conocido que decidió cambiarse de rubro y trató de hacer películas de cine no animadas y le fue mal. Tampoco se sabe que tuvo 302 rechazos antes de conseguir el financiamiento para construir su parque de diversiones.

Muchos conocen el libro “Chocolate caliente para el alma” del autor Jack Canfield. Es un libro que ha sido traducido a 39 idiomas y ha vendido 8 millones de copias. Es una obra compuesta de pequeñas historias que inspiran y motivan a las personas. Pero lo que pocos saben es que el autor tuvo 130 rechazos de editoriales que consideraban el libro como poco comercial y que además tenía un título ridículo.

Muchos conocen al que fue el primer ministro británico en la segunda guerra mundial, Winston Churchill. Además, se sabe cómo se convirtió en uno de los líderes clave en esa época y que tuvo una gran influencia para derrotar al imperio Nazi. Churchill es recordado como una persona brillante, estratégica y con un gran sentido del humor.

Pero lo que pocos conocen es que lo reprobaron en sexto grado en el colegio, que las universidades de Oxford y Cambridge no lo aceptaron como alumno. Tampoco saben que en la primera guerra mundial, él ayudó a diseñar la estrategia de una batalla que fue una catástrofe a la que se denomina el “Desastre de Gallipoli”.

Todos conocen al científico Albert Einstein, creador de la teoría de la relatividad y ganador de un premio Nobel. Pero lo que pocos conocen es que Einstein era considerado un alumno retardado en sus años iniciales de colegio, ya que tardó mucho tiempo en aprender a hablar y a leer. Cuando postuló a la universidad, falló en el primer intento.

Cuando hizo su tesis doctoral fue rechazada y considerada totalmente irrelevante.

Todos conocen a Steven Spielberg, el director de cine que ha hecho películas como Tiburón, Encuentros cercanos del tercer tipo, E.T. el extraterrestre, entre otras. Ganó un Oscar con la película La lista de Schindler. La revista Time lo incluyó en la lista de las 100 personas más importantes del siglo. Pero lo que pocos saben es que Spielberg fue rechazado 3 veces para ingresar a la escuela de cine de la Universidad de California. Tampoco saben que trabajó en los estudios de la empresa Universal practicante sin pago y que la primera película que creó fue una total decepción.

La historia está llena de personajes similares a los anteriores, exitosos y famosos pero que tuvieron que soportar muchos obstáculos, errores y rechazos. Personajes que a pesar de todas las dificultades perseveraron y tuvieron éxito. El secreto del logro no está en el talento. Hay muchas personas con talento que no llegan a ningún puerto. El secreto del logro está en la perseverancia, en la capacidad de postergar la gratificación, en soportar momentos difíciles y no perder la esperanza de que en el futuro, todo el esfuerzo dé frutos.

El secreto del logro está en las horas de trabajo, de práctica y de preparación. El secreto del logro está en nuestra forma de interpretar lo que nos sucede en la vida. Algunas personas toman los rechazos y errores como fracasos permanentes. Otros más bien ven los errores como oportunidades de aprendizaje, de mejora y crecimiento.

Como menciona la autora Darcy Andries, “El secreto del logro no es un secreto”, solo hay que prestarle atención a todo el esfuerzo y perseverancia de las personas que hoy día disfrutan el éxito.

Fuente: http://www.davidfischman.com

BUSCO A UN HOMBRE

Darío Lostado

“Despertar a la Conciencia Día a Día”

Siempre me pareció aleccionador aquel hecho del sabio Diógenes en la plaza de Atenas.

Salió a la plaza al mediodía de un día de sol radiante con una lámpara en sus manos buscando algo.

Cuando alguien le preguntó “Diógenes, ¿qué estás buscando con esa lamparita aquí en la plaza inundada de sol?”, el sabio le respondió: “Estoy buscando un hombre.”

“Pero ¿acaso no ves que la plaza está llena de hombres?”

“No -respondió el sabio-. Ésos no son hombres. No saben lo que son.”

Diógenes afirmaba que para ser hombre hay que saber qué somos.

Por nuestras calles y plazas circulan muchas figuras de hombres y mujeres. Pero son muy pocos los que son humanos de verdad, porque son mayoría los que no saben qué son, ni quiénes son.

Y no es un conocimiento teórico intelectual el que nos constituye como seres humanos, sino una experiencia viva y vivencial en cada momento de nuestra existencia.

No es necesario ir a colegios o universidades para tener este conocimiento. Sólo se requiere retirarse a solas y preguntarse “¿qué es lo que hay en el fondo de mí, más profundo que mi propio cuerpo, mis pensamientos, emociones…?”, “¡qué es aquello que aunque cambie mi cuerpo, mi mente y mis emociones permanece ahí fijo e inalterable?”.

Aquello soy Yo.

Fuente: http://alegriadesertumismo.blogspot.com

EXPERIENCIAS QUE ENSEÑAN

Paulo Coelho

Una vieja estaba en el bulevar de la avenida Atlántica, con una guitarra y un letrero escrito a mano: “Vamos a cantar juntos”.

Empezó a tocar sola. Después llegaron un borracho y una viejecita, y se pusieron a cantar con ella. En poco tiempo había una pequeña multitud cantando y otra pequeña multitud que hacía el papel de auditorio, aplaudiendo al final de cada canción.

“¿Por qué hace esto?”, le pregunté entre las canciones.

“Para no estar sola”, dijo. “Mi vida es muy solitaria, como la vida de casi todos los viejos”.

Ojalá todos resolviésemos nuestros problemas así.

El amigo en Sídney
“A veces la gente se acostumbra tanto a lo que ve en las películas que acaba olvidando la historia auténtica”, me dijo un amigo mientras contemplábamos juntos el puerto de Sídney. “¿Te acuerdas de la escena cumbre de Los diez mandamientos?”.

Claro que me acordaba. En un momento dado, Moisés, interpretado por Charlton Heston, alza su bastón, las aguas se separan y el pueblo hebreo atraviesa el mar a pie.

“En la Biblia es diferente”, continuó mi amigo. “Dios le ordena a Moisés: “Di a los hijos de Israel que se pongan en camino”. Y solo cuando han comenzado a andar levanta Moisés su bastón y se abre el Mar Rojo”. Solo el valor ante la adversidad hace que se nos muestre el camino.

El católico y el musulmán
Estaba charlando con un sacerdote católico y un chico musulmán durante un almuerzo. Cada vez que pasaba el camarero con una bandeja, todos se servían, salvo el musulmán, que cumplía el ayuno prescrito en el Corán.

Cuando terminó la comida y la gente se hubo ido, uno de los convidados no pudo reprimir el siguiente comentario: “¡Mira que son fanáticos estos musulmanes! ¡Menos mal que no tenéis nada que ver con ellos!”.

“Sí tenemos”, dijo el sacerdote. “Él se esfuerza por servir a Dios tanto como lo hago yo. Simplemente observamos leyes diferentes”. Y concluyó: “Es una pena que las personas solo vean las diferencias que las separan. Si mirasen con más amor, verían lo que tienen en común unos y otros, y se resolvería la mitad de los problemas del mundo”.

Mi suegro, Christiano Oiticica
Poco antes de morir, mi suegro llamó a la familia:

“Sé que la muerte no es más que un tránsito, y quiero poder hacer esta travesía sin tristeza. Para que no os preocupéis por mí una vez que me haya ido, os enviaré una señal de que valió la pena ayudar a los otros en esta vida”. Pidió ser incinerado y que sus cenizas fuesen esparcidas en el Arpoador mientras sonaba una cinta con sus canciones preferidas.

Falleció dos días después. Un amigo se encargó de la incineración en Sao Paulo, y de vuelta en Río de Janeiro fuimos todos al Arpoador con la radio, las cintas y el paquete con la pequeña urna que contenía las cenizas. Al llegar frente al mar, descubrimos que la tapa estaba atornillada. Intentamos abrirla, pero no pudimos.

No había nadie alrededor, aparte de un mendigo que se acercó: “¿Qué es lo quieren?”.

Mi cuñado respondió: “Un destornillador, porque aquí dentro están las cenizas de mi padre”.

“Debió de ser un hombre muy bueno, porque acabo de encontrarme esto por aquí”, dijo el mendigo.

Y les entregó un destornillador.

Fuente: http://www.larevista.com.ec

LA ÚLTIMA CUERDA

Dr. Horacio Krell

La vida nos coloca en situaciones cruciales, pero siempre nos ofrece la última cuerda para construir el puente de salida o para que con ella terminemos con el dolor.

Algunos decían que era extraño, otros, que era sobrenatural. Las notas mágicas  de su violín, tenían un sonido especial. El público está  preparado, la orquesta y  el director de la orquesta son ovacionados. Cuando Paganini entra el público delira. Coloca su violín al hombro y lo que se escucha es indescriptible. Breves y semibreves fusas y semifusas, corcheas y semicorcheas vuelan  al toque de sus dedos encantados. De pronto una cuerda se rompe. El director paró, la orquesta paró, el público paró, pero Paganini no. Mira su partitura y continúa arrancando sonidos deliciosos de su violín.
El director y la orquesta, vuelven a tocar. Antes que el público se serene, otro sonido derrumba la atención. Otra cuerda se rompe. El director paró, la orquesta paró. Paganini olvidó las dificultades y avanzó sacando sonidos de lo imposible. El director y la orquesta, volvieron a tocar. Pero de pronto todos exclamaron ¡OHHHH!
Una tercera cuerda se rompe. El director se paralizó, la orquesta también, la respiración del público se detuvo, pero Paganini continuó. Como si fuese un contorsionista musical, arranca los sonidos con la última cuerda de su violín destruido. Ninguna nota fue olvidada. El director se anima, la orquesta se motiva, el público pasa del silencio a la euforia, de la inercia al delirio. Paganini alcanza la gloria, su nombre recorrerá el tiempo. No es sólo un violinista genial, es el símbolo del que enfrenta lo imposible.

Nunca la vida rompe la última cuerda.
No está todo perdido, la última cuerda, la de tu talento está viva y puede seguir tocando. La vida siempre te deja una cuerda, para que elijas que hacer con ella. Elige la inteligencia ante la adversidad, el peor intento a no realizar ninguno; en los peores momentos puedes despertar el Paganini dormido que habita dentro de ti.

El triunfo acompaña al que persiste donde otros paran. Cuando todo se cae abre la ventana de la oportunidad, cambia la cuerda de la motivación y arranca de ella tus mejores sonidos.

¿Cómo se motiva al motivador, quién motiva a tu cerebro y a tu mano para sacar de ellos lo mejor? Es la cuerda de la voluntad, la de aprender y crear, la de la imaginación que te permite innovar e inventar tu futuro. Esa, la última cuerda olvidada es la que produce el milagro.

Poder inteligente. Para que tu autoestima crezca no dejes que la rutina te atrape, busca conocerte a ti mismo. El punto de máxima satisfacción es el poder inteligente, el punto exacto donde Yo quiero se sintoniza con Yo puedo. El poder inteligente es querer con eficacia.

Para lograrlo afina la cuerda que conecta tus hemisferios cerebrales y que si desafina genera la lucha interna que describe Pascal: “el corazón tiene razones que la razón no entiende”.

La cuerda mágica es la partitura del poder inteligente, la que armoniza los hemisferios cerebrales, la que combina la ciencia y el arte, la razón y la emoción, el concepto y la imagen, el plan y la intuición. Esa última cuerda olvidada tiene un nombre, se llama creer en ti.

Fuente: http://www.ilvem.com

EL VALOR DE LAS ACTITUDES

Jim Rohn

“Las Estaciones de la Vida”

Independientemente de las inclinaciones religiosas o intelectuales de cada uno, es difícil no creer que, de alguna manera, los humanos estamos dentro de un gran esquema gobernado por un poder que algunos pocos, si es que alguno, entendemos.

Estoy personalmente convencido de que el hombre viene de algún lugar, que su inteligencia existió en alguna parte, antes de venir a este mundo. Creo que su inteligencia individual, su misma existencia, vivió en alguna parte, creciendo, aprendiendo, tratando, fracasando, y teniendo éxito, pero siempre creciendo.

Si nuestro resultado es tres o es diez en esta esfera terrestre, es solamente un paso, en algún plan metódico de eterna progresión, donde, de alguna manera, seguiremos avanzando hacia una nueva vida que seguirá o retrocederá. Y allí veremos a aquellos que amamos, quienes avanzaron antes que retroceder, pasar por encima de nosotros hacia una nueva conciencia, y una mejor comprensión de las cosas.

Quizás esto es lo que “el infierno” y la “maldición” deben ser. Imaginen la agonía de descubrir que estábamos siendo “probados”, sin estar conscientes, y en lugar de un crecimiento personal duradero, una conciencia más profunda, una nueva comprensión, elegimos la promiscuidad, la desidia, el reproche y la vida fácil.

Y a aquellos a quienes más amamos en esta tierra, que eligieron los beneficios más duraderos de su “prueba en la tierra”, los veremos progresar ante nuestros ojos, mientras nosotros nos quedaremos atrás, sin esperanza alguna de poder hacer algo para alcanzarlos.

Nuestra eterna condena será la conciencia del valor del amor y la honestidad, y muchas otras virtudes humanas positivas existentes, que nuestros seres amados poseen, quienes desde ahora y para siempre, estarán más adelantados en la progresión eterna. Y ya no podremos hablar, tocar, besar, expresar emoción… pero, deberemos siempre estar conscientes de su existencia, aunque ellos no estarán conscientes de la nuestra.

A medida que leo, pondero y especulo sobre la gente, sus hechos y su destino, me convenzo cada vez más que es nuestro destino natural, crecer, tener éxito, lograr prosperidad, y encontrar la felicidad mientras estamos aquí.

En un país donde la oportunidad abunda, está dentro del alcance de cualquier ser humano encontrar la realización personal en su propia vida, buscando lo mejor que existe, incluyendo la riqueza.

Contrariamente a las enseñanzas de algunas religiones, la riqueza no es mala, la pobreza es mala. Porque la pobreza (excepto en algunos casos extremos) reprime a los individuos, o grupos de individuos, quienes eligieron no usar sus talentos, sino que prefirieron permitirle a los que han descubierto y usado sus talentos, que se ocupen de ellos.

Estoy consciente que se ha dicho, por parte de aquellos con autoridad divina que: “el humilde heredará la tierra”, pero, me pregunto, dónde dice que para ser “humilde” usted también debe ser pobre. Eso es totalmente absurdo… es una racionalización burda usada por los perezosos para justificar su falta de voluntad hacia el progreso, y cuando digo perezosos incluyo a los que han renunciado ante la dificultad, así sean ellas grandes dificultades. Aquellos que se comprometen lo menos posible con una causa, profesión u ocupación y, definitivamente, debo incluir a aquellos que ni siguiera intentaron hacer un esfuerzo para mejorar su situación.

Imagine a Washington decidiendo no intentar cruzar el río porque no se ve bien al otro lado del Delaware. Imagine a Lincoln dándose por vencido porque fue avergonzado cuando fue soldado, falló como hombre de negocios, o fue estruendosamente abatido en las encuestas entre sus colegas. Imagine a John Kennedy decidiendo no permitir el viaje a la luna, para hacer de Estados Unidos el primer país en hacerlo, no solamente ante nuestros ojos, sino ante el resto del mundo.

Finalmente, imagine un mundo sin contribuciones como esas, de grandes hombres que sobrepasaron la adversidad con talento, deseo y total determinación, para dejarnos un mundo un poco mejor del que encontraron.

Si no quedó claro mi punto, déjenme decir que es bien conocido aquí y ahora, que Dios, o cualquier poder que esté detrás de nuestra existencia, no quiso que nosotros falláramos, nos hundiéramos en la pobreza, la autocompasión, el automartirio, o la mediocridad, en ninguna forma. Ese no es el gran designio del hombre.

El ser humano está bendecido con la materia prima necesaria para progresar, tal como: imaginación, ideas, inspiración, y una capacidad intelectual por desarrollar… y esa capacidad es totalmente ilimitada. La única limitación colocada en nuestras habilidades, es nuestra incapacidad para reconocer fácilmente nuestra naturaleza ilimitada.

Hay que hacer un esfuerzo para estar conscientes de nuestras asombrosas e ilimitadas habilidades. Hay que hacer un esfuerzo para ser más entusiastas con una causa o una ocupación. Hay que hacer un esfuerzo para continuar cuando nuestros resultados, y nuestros amigos, nos dicen que no sigamos tratando. Hay que hacer un esfuerzo con las cosas que pasan, las alegrías y las penas de la vida. Hay que hacer un esfuerzo también, para aprender a amarnos por encima de todos los demás, especialmente, cuando estamos conscientes de nuestras equivocaciones, nuestras dudas y nuestras tragedias.

Sin embargo, fallar no necesita esfuerzo. Solo requiere algo más que un lento deterioro de la actitud sobre nuestro presente, nuestro futuro, y nosotros mismos. Es irónico que una de las pocas cosas sobre las que tenemos control es sobre nuestras propias actitudes, y aún así la mayoría de nosotros vive la vida entera comportándose como si no tuviera ningún control.

Debido a nuestra actitud, decidimos leer o no leer. Por nuestra actitud, decidimos intentar o darnos por vencidos. Por nuestra actitud, nos culpamos a nosotros mismos por nuestros errores, o culpamos tontamente a otros. Nuestra actitud determina si amamos u odiamos, decimos la verdad o mentimos, actuamos o posponemos, avanzamos o retrocedemos; y por nuestra propia actitud, nosotros, y sólo nosotros, decidimos si tendremos éxito o fallaremos.

Qué increíble es que el mismo Dios, que creó el complejo e inmenso universo, haya creado la raza humana dándole la libertad de elegir libremente sus propios logros o su propia destrucción.

Este extraño pero sabio Dios, nos dio una esfera delicadamente balanceada llamada tierra, y sobre ella, colocó al ser humano que puede desarrollarla o destruirla. ¡Qué terriblemente fascinante que Dios hubiera dejado los dos proyectos, la tierra y los humanos, sin terminar!

A través de los ríos y arroyos no construyó puentes; dejó los cuadros sin pintar, las canciones sin hacer, los libros sin escribir, y un espacio inexplorado. Para lograr todas esas cosas, Dios creó un ser humano incompleto quien, con su mente y su corazón, tuviera la capacidad de hacer todas esas cosas y más, dependiendo de su propia elección.

La actitud determina la elección, y la elección determina los resultados.

Todo lo que somos, y todo lo que podemos llegar a ser, ha sido, definitivamente, dejado a nosotros para elegir. En el mismo momento en que está leyendo estas palabras, su actitud ha determinado lo que es usted.

Su entusiasmo, su intensidad, la fe en usted mismo, la paciencia con usted mismo y con otros, y la emoción infantil acerca de su futuro ilimitado es el resultado de una simple palabra: actitud.

El trabajo de Dios está terminado, pero el trabajo de crear su mejor futuro apenas ha comenzado. Mientras usted tenga vida, tendrá la oportunidad de finalizar ese trabajo, y el hacerlo, completará el trabajo que Dios dejó incompleto. ¡En los ciclos y estaciones de la vida, la actitud lo es todo!

Fuente: http://www.usatupc.com

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