22
December
2007
David Fischman
“Todos hemos aprendido en el colegio la tercera ley de Newton, que nos ayudó a entender la física mecánica. Lo interesante de esta ley es que también nos puede ayudar a comprender la mecánica de la vida y la empresa”.
En el colegio estudié la Tercera Ley de Newton, según la cual “para cada acción hay una reacción opuesta en igual fuerza y magnitud”. En aquella época yo sólo aplicaba la Ley a ejercicios imaginarios para calcular las fuerzas resultantes. Más tarde comprendí que la aplicación de esta ley sobrepasa las fronteras de la física y está inmersa en la naturaleza de la vida misma. La Tercera Ley de Newton equivale, en la filosofía oriental, a la ley del Karma. Karma significa, en sánscrito, “acción”, y la ley del Karma explica que para cada acción que tomamos en nuestra vida existe una reacción que nos afecta.El karma es como el eco; no importa lo que gritemos. Si son palabras bonitas o groseras, la vida siempre nos devuelve lo mismo que gritamos.Cuentan que un discípulo caminaba por el bosque y se pinchó el pie con una espina; mientras, adolorido, trataba de sacársela, vio que venía una persona de mal vivir por el mismo sendero. Esta persona no sólo no se detuvo a ayudarlo sino que encontró una moneda de oro en el mismo lugar en el que él se había pinchado.Muy molesto, el discípulo le comentó a su maestro: “¡No es justo! Yo soy una persona buena, me dedico a meditar y me hinco con una espina. En cambio, aquel es una persona de mal vivir que hace daño a mucha gente y se encuentra una moneda de oro”.
El maestro respondió: “Discípulo, tal es la Ley del Karma. Tú deberías haber muerto en este camino asesinado por una banda de ladrones, pero por tus buenas acciones sólo te hincaste el pie. Aquél debería haber sido el rey de este territorio y tener montañas de oro, pero como se dedicó al mal vivir sólo encontró una moneda”.
En nuestra vida cosechamos lo que sembramos. Recibimos frutos o espinas de las decisiones que tomamos. No podemos impedir que el futuro nos depare dificultades, pero sí podemos decidir cómo reaccionar ante ellas.
Si ante un problema reaccionamos con rabia, negatividad y hacemos daño a otros, tendremos dificultades y más negatividad. Si, en cambio, nos distanciamos y actuamos con positivismo y desapego, la reacción de la vida será igualmente positiva.Lo mismo ocurre en la empresa. Por ejemplo, un vendedor que ofrece a su cliente malos productos recibirá en el corto plazo una buena comisión por su venta, pero en el futuro perderá al cliente y a muchos otros por malas referencias.Su acción negativa será correspondida por otras que lo perjudicarán. Si usted maltrata a su personal, la reacción será un ambiente negativo y destructivo en la oficina que lo maltratará a usted y entorpecerá su progreso. Si actúa de forma poco ética en su empresa, dará el ejemplo para que los demás actúen de la misma forma con usted. Si usted habla a espaldas de otros, las personas le perderán la confianza y es probable que le paguen con la misma moneda.
Cuando visité la India, me llamó la atención que un taxista no insultara a quienes le cerraban el paso. Él me comentó: “Ellos me han cruzado y ésa es su responsabilidad; si yo los insulto me llenaré de negatividad y eso será mi responsabilidad: cuidar el karma en su cultura”.
Lo difícil de esto es que los resultados de nuestras acciones y decisiones toman tiempo en materializase. Muchas veces esto hace que nos resulte difícil entender la verdadera causa de nuestros problemas y, en consecuencia, aprender de nuestros errores.La próxima vez que enfrente dificultades en la vida o en la empresa, no se diga a sí mismo: “iQué mala suerte!”. Dígase: “Probablemente tuve la suerte de decidir mi propio destino y no decidí lo correcto”.
Fuente: http://espanol.groups.yahoo.com/group/Sociedad_y_Cultura
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22
December
2007
Anthony Robbins
Una de las metáforas globales más capacitadoras que me han ayudado en los momentos difíciles es una historia compartida por muchos oradores en el tema del desarrollo personal. Se trata de la sencilla historia de un picapedrero. ¿Cómo puede un picapedrero abrir un gigantesco canto rodado? Empieza por utilizar un enorme martillo con el que golpea la roca granítica con toda la fuerza que puede. La primera vez que la golpea no le hace ni una muesca, no le arranca ni un trocito, nada. Retira el martillo y vuelve a golpear una y otra vez, 100, 200, 300 veces, sin producir una sola grieta.
“Después de tanto esfuerzo, la roca no muestra ni la más ligera grieta, pero él sigue golpeándola. A veces, pasa gente a su lado y se ríe de su persistencia, cuando es evidente que sus acciones no están teniendo el menor efecto. Pero un picapedrero es muy inteligente. Sabe que, por el hecho de no ver resultados inmediatos de las acciones que realiza, eso no quiere decir que no se esté haciendo ningún progreso. Continúa golpeando la roca en diferentes puntos, una y otra vez, y en algún momento, quizá cuando lleve 500 o 700 golpes, o en el que hace 1.004, la piedra no sólo se astilla, sino que se abre literalmente por la mitad. ¿Ha sido ese único y último golpe el que ha abierto la piedra? Desde luego que no. Ha sido la presión constante y continua que ha aplicado al desafío al que se enfrentaba. Para mí, la aplicación consistente de la disciplina es el martillo capaz de romper cualquier canto rodado que esté impidiéndole el paso por el camino de su progreso”.
Fuente: http://www.gentexcelente.com
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22
December
2007
Dr. Camilo Cruz
El éxito en cualquier actividad humana no se debe a factores externos, sino a factores personales. Es falso que la suerte haga que nos vaya bien y es totalmente verídico que quienes tienen éxito son las personas o equipos que trabajan ‘adecuadamente’, es decir, hacen las cosas con plena conciencia de sus actos y con la capacidad que da el prepararse para desarrollar una actividad, porque el hecho de trabajar como locos no significa que se esté haciendo bien.
Muchas personas dejan su destino a la suerte y se escudan detrás de afirmaciones como: “Que suerte tuvo Juan al encontrar tan buen trabajo” o: “Si yo hubiese tenido la suerte de contar con el apoyo de mi familia…habría alcanzado el éxito profesional”. Estas expresiones asignan poderes desmesurados a la suerte, quitando de nuestros hombros la responsabilidad que, para muchos, pesa demasiado: la responsabilidad personal por nuestro propio éxito y felicidad.
Al respecto, encontramos dos posiciones muy definidas:
- Los que consideran que las palabras “suerte” y “triunfo” no tienen cabida en la misma frase. Ellos se jactan de utilizar como lema personal la célebre oración que afirma: “Yo sí creo en la suerte; cuanto más trabajo, más suerte tengo”, como queriendo decir que la fuente del éxito es el trabajo duro y no la suerte.
- Aquellos que para justificar su mediocridad o quizás tratando de racionalizar su fracaso afirman que la suerte es la única que determina el éxito. Ellos creen que en la vida hay algunos afortunados que nacen con buena estrella, mientras que la gran mayoría, infortunadamente, nacen sin ella. Esta postura tiene muy poco de fundamento y mucho de conveniencia.
¿Hay algo más fácil qué culpar al destino por nuestros fracasos? La filosofía de la persona mediocre es aquella que dice: ¿Para qué preocuparse tanto por fijar metas, si total, lo que es para uno es para uno; y si no alcanzamos algo, pues es que no era para nosotros y seguramente no nos convenía, o quizás…. fue nuestra mala suerte?
Quien desea culpar al destino por sus desventuras, puede estar seguro que encontrará una excusa que le satisfaga, y aliados que la compartan. Pero el mayor inconveniente es que hacerlo no soluciona los problemas ni nos lleva más cerca de la realización de nuestras metas.
La falta de suerte es una de las excusas más comunes entre los fracasados. Pero, al igual que con cualquier excusa, ésta no produce soluciones reales y, sólo sirve para tranquilizar a la persona que la está dando.
¿Existe alguna relación entre la suerte y el éxito?
El gran escritor Norman Vincent Peale afirmó que:
La suerte es el cruce de caminos donde la búsqueda se encuentra con la oportunidad
En otras palabras, para que la suerte exista, deben darse dos elementos a un mismo tiempo: la búsqueda y la oportunidad. La buena noticia es que todos y cada uno de nosotros tiene la posibilidad de hacer coincidir estos dos elementos. Por un lado, debemos mantener un estado de búsqueda constante por todo aquello que nos pueda ayudar a triunfar y por otro, debemos encargarnos de crear las oportunidades que nos acerquen a la realización de nuestras metas. Esta es la fuente de la suerte y está en tus manos.
Fuente: http://www.secretosenred.com
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